martes, 6 de octubre de 2020

Columnas: Luis Velázquez

 Diario de un reportero

 

•Leyendas de pasión

•El peor infortunio

•La generación perdida

 

Luis Velázquez

03 de octubre de 2020

 

DOMINGO

Una historia de amor

 

Esta es la historia de un infortunio. Historia de vida, amor y muerte. Empezó cuando unos niños se conocieron a los 7 años de edad en el segundo año de la escuela primaria. Se hicieron amiguitos. Caminaron juntos hasta el sexto año, tiempo cuando el cariño se tradujo en el primer beso.

Entonces, descubrieron que se amaban. Pero sus padres eran enemigos legendarios y míticos, ambos, por cierto, abigeos en la región que robaban vacas para vender a los carniceros de los mercados populares. Las robaban en las tardes y entregaban en la noche a los tablajeros y en la madrugada las mataban para venderse como carne fresca y en bistecs en el changarro.

Por eso, y dado el encono y el rencor de los padres prohibieron la relación amorosa de los chicos adolescentes.

Y simple y llanamente, las partes migraron del pueblo. El padre de ella se fue con la familia a Oaxaca, y el padre de él a Baja California. De un extremo a otro de la nación, creyendo que así aquel amor de niños tendría fin, como si la distancia geográfica fuera suficiente para acallar las pasiones del corazón.

 

LUNES

68 años después se encontraron

 

En Oaxaca y Baja California los chicos terminaron estudios sin jamás saber sus destinos. Y como destino humano, casaron con otras parejas y tuvieron hijos y enviudaron.

Y cuando sus padres habían muerto y cuando, incluso, ellos mismos eran viudos, descubrieron la frescura del primer amor, aquel que suele florecer en la infancia, y cada uno rastreó sus pistas y se encontraron, primero, por el correo electrónico, y segundo, en persona, en el pueblo de sus orígenes.

Era el tiempo del coronavirus y ambos tenían 75 años de edad, incluso, con hijos ya casados y nietos, y decidieron caminar juntos.

Hicieron planes. Por aquí terminara la pandemia, casarse, y claro, con el permiso de los hijos y los nietos.

Y en el pueblo compraron una casita y la empezaron a amueblar. Una casita en las goteras de la ciudad, de dos recámaras. Una para ellos, y otra, para los hijos cuando estuvieran de visita.

Caminaban los planes. Ella, viajaba a Oaxaca para terminar de “quemar sus naves” y él a BC, con el mismo objetivo.

Por ejemplo, vender sus casas para integrar un patrimonio con que iniciar la nueva vida.

 

MARTES

El peor infortunio

 

En Oaxaca ella fue contagiada del COVID. Pensó que era leve y siguió la vida diaria. Pero los achaques aumentaron y nada la pudo salvar. Murió. Murió el lunes anterior, a las diez de la noche, en su casa, apenas asistida por la antigua trabajadora doméstica, nana que fue de sus hijos.

Así terminó aquel romance del par de niños de la escuela primaria. Se llamaba Ruth. Era alta y delgada. Los ojos grandes se volvían más grandes en la cara afilada y los labios delgaditos y chicos. El cabello le resbalaba en el pecho y en la espalda y estaba bien cuidado. Era de una sonrisa fácil que iluminaba los días y las noches.

La cremaron y los hijos decidieron entregar las cenizas a Jesús, su pareja de la tierra prometida.

El amor en el tiempo del COVID.

El peor infortunio de la vida. La vida puesta a prueba pues solo quizá los corazones firmes resistirían embate descomunal. Y más, como en el caso, cuando uno y otro estaban por recuperar los años idos, tiempo cuando el amor se vuelve reposado, sin sobresaltos, premuras ni urgencias.

MIÉRCOLES

Los años sombríos de Veracruz

 

Era el año 1945 cuando Ruth y Jesús nacieron en el pueblo. Todavía la vida olía a tiros y balazos con los últimos sicarios de la banda del cacique Manuel Parra conocida como “La mano negra”.

En los camposantos, los cadáveres de unos cuarenta mil ejidatarios, incluidos diecisiete líderes agrarios asesinados luchando contra los latifundistas.

El cacique pagaba de la siguiente manera a los pistoleros: un día a la semana, el día completo, las 24 horas, podían robar, asaltar, secuestrar, desaparecer y asesinar a personas y el resultado del atraco era para ellos.

Robaban las casas de las personas, dinero y joyas. Se llevaban las yuntas de bueyes. Robaban camionetas y automóviles. Saqueaban bancos. Asaltaban en carretera y despojaban de todo.

Y, bueno, aquella vida tan fácil también alcanzó a los padres de Ruth y Jesús, ambos campesinos, campesinos desempleados que en vez de partir a Estados Unidos como migrantes sin papeles, se metieron con los residuos de Manuel Parra.

Aquella forma de vida fácil trascendió en las familias. Conjurada “La mano negra”, los padres se volvieron abigeos. Pero al mismo tiempo, sus caminos se empalmaron y a partir de la competencia en sus vidas germinó el rencor, el odio y la venganza.

 

JUEVES

La generación perdida

 

El tiempo de Ruth y Jesús fue una generación perdida. Por ejemplo, el destino de algunos de ellos:

Pedro y su esposa terminaron divorciados y vueltos a casar y con los hijos en la desintegración familiar.

El joven Simón quedó viudo y como era galán, bien parecido, que gustaba a las mujeres, se volvió una fichita y pasó la vida de mujer en mujer.

Santiago nunca se casó y migró del pueblo al centro de la república y en Guanajuato, primero, se volvió cristero, y luego, evangelista y andaba de pueblo en pueblo predicando el paraíso terrenal, sin juntarse con una mujer para tener hijos “porque el mundo, decía, pronto se acabará”.

Juan se volvió piloto aviador y de pronto se puso al servicio de un cartel de la droga en Sinaloa hasta perder la vida en una balacera, el avión cargado de droga.

Felipe migró del pueblo, parece que a Quintana Roo, y nunca más se conoció su destino. Algunos contaban que se volvió comerciante y rico y dejó a la esposa para irse con la secretaria y la secretaria lo dejó en la ruina.

Mateo casó tres veces, regó hijos por todos lados, se volvió pistolero y perdió la vida en un fuego cruzado con otros malandros.

El destino de Ruth y Jesús estaba trazado. Era la generación perdida. Ella murió del coronavirus y él quedó más desolado que nunca. El infortunio, el peor mal escapado de la caja de Pandora.

 

VIERNES

El amor infantil

 

La historia de Ruth y Jesús es una leyenda de amor y pasión.

Primero, el amor más puro nacido en la infancia.

Segundo, un amor que sobrevivió 68 años a los rencores y odios familiares, pero también, a la distancia y la lejanía, y más, porque en seis décadas, casi siete, nunca cruzaron una palabra, una línea, un telefonema, para avivar la llama y la flama.

Tercero, porque fueron leales y fieles a su pareja en turno, pero aquel cariño nacido en el salón de clases a los 7 años de edad sobrevivió los estragos del tiempo y el espacio.

Cuarto, porque ellos derrotaron los estragos familiares, pero fueron incapaces de vencer a la naturaleza con su pandemia, un desastre epidemiológico sin final por ahora, los días y las noches más sombríos en todas partes del mundo.

 

Escenarios

 

•Dicha senil

•Cafecito con amigos

•Vivir de la nostalgia

 

Luis Velázquez/Y Parte VI

 

UNO. Dicha senil

Hay unos viejitos que alcanzan la dicha en el café en una mesa que, pareciera, alquilaron o compraron para el resto de sus vidas y sus horas transcurren sin prisa ni sobresaltos en la nostalgia de los años idos.

Nadie dudaría que son jubilados. Y viven, sin premuras, pues se dan el lujo de tomar café, canillita a veces, incluso, con natitas, todos los días.

 

DOS. La mesa de los médicos

 

Enfrente de ellos hay en el café otra mesita singular. Todos, unos diez, son médicos. Unos, pareciera, jubilados. Otros, atendiendo al consultorio pues a veces llegan tarde. Incluso, con bata.

Entre ellos, hay un par de doctoras. Todos de edades superiores a los sesenta años. Parecieran condiscípulos en la facultad de Medicina que han sobrevivido al tiempo.

Y todos los días se miran como si tuvieran semanas sin cruzar palabra, con el mismo gusto estudiantil de entonces.

Y durante la hora, hora y media que dura el café platican de un tema y otro con la misma pasión de los años idos.

 

TRES. “La mesa que más aplauda”

 

Cada quien su mesa y su lechero, hacia el centro del café está la mesa de los ingenieros. El único lenguaje que hablan de principio al final del café lechero es el de la industria de la construcción.

Según versiones, unos a otros se apoyan. Y por eso mismo, hasta se subcontratan. Y dan trabajo a sus albañiles y maestros.

Unas veces, convierten la mesa del café en la mesa del ingeniero para revisar un plano y enmendar errores si los existieran.

 

CUATRO. Cafetómano solitario

 

En el centro del café hay una mesa donde siempre suele sentarse un hombre solitario. Es bajito de estatura y gordito. Usa lentes para leer un libro que lo acompaña. Muchas veces, la lectura le ocupa tanto que el café se va enfriando.

Nunca mira alrededor. En ningún momento se distrae en la lectura de su libro, por lo general, novelas. La última que leía se llama “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway.

El capitán de meseros dice que suele llegar 3 tardes a la semana a la misma hora. De 5 a 6. Una hora después, se marcha, sin voltear a los lados.

 

CINCO. “Los grandes hombres siempre andan solos”

 

Un economista del INEGI diría que el 80 por ciento de clientes en un café son adultos mayores. Los hombres dominan el escenario. Y por lo general, siempre acompañados, pues la mayoría necesita una compañía para ser y estar.

“Los grandes hombres, decía, parece, José Vasconcelos Calderón, Ministro de Educación con Álvaro Obregón, siempre andan solos”.

 

SEIS. Y Hemingway entristeció…

 

Una tarde lluviosa en París, Hemingway tomaba un lechero en un café frente al río Sena. Solía ocupar la misma mesa siempre solo para leer el periódico y leer un libro y escribir.

Aquella tarde entró una chica de unos veinte años, alta, casi casi de su estatura, bella y hermosa, que detuvo la respiración a los meseros y los clientes porque su porte era altivo y gallardo, soberana en sus atributos físicos.

Hemingway dejó de escribir y con el lápiz en la mano quedó expectante, admirándola, esperando quizá que ella volteara.

La chica también tomó el café sola, sin ninguna compañía.

Media hora después de arrobamiento, la chica pagó la cuenta y se fue sin mirar a Hemingway y el famoso escritor se llenó de tristeza. Ya era famoso y era viejo, pero había dejado de llamar la atención de las mujeres.

 

Expediente 2020

¡Vaya 4T!

Luis Velázquez

03 de octubre de 2020

Las tribus políticas de MORENA, soldados de la patria, siervos de la nación, son así, y por ejemplo:

Durante muchos meses, el diputado local, Magdaleno Rosales Torres, tronó en contra de casi la mitad del gabinete del góber bendecido de López Obrador.

En la cancha pública expuso el tendedero del nepotismo, el tráfico de influencias y el conflicto de intereses.

Y la compra por dedazo de patrullas, ambulancias y medicinas.

Incluso, audaz y temerario, sin tener, todo indica, pruebas y documentos en la mano, se lanzó contra el secretario General de Gobierno asegurando que con recursos públicos de Veracruz había comprado bienes en Baja California, su tierra adoptiva.

También agarró al góber “a tiro por viaje”.

Y hasta solicitó la renuncia de uno que otro secretario del gabinete legal por incompetencia, ineficacia e ineficiencia.

Un día, sin embargo, le dieron un carguito partidista en MORENA y bajó un poquito el bombardeo nuclear.

Pero pasado un ratito, de nuevo se puso los guantes en contra del equipo político y/o parte del gabinete del góber.

Quiso Magdaleno Rosales proyectarse como el político ideal y soñado de la purificación moral y la honestidad valiente en la 4T.

Atrás, sin embargo, había quedado el tiempo de su campaña electoral cuando trepaba a los autobuses de pasajeros en su pueblo y región para hacer campaña, casi casi como “El chucho el roto” de la política jarocha, guinda, marrón y morada.

Ahora, se ignora si desde alguna zona oscura del poder le jalaron la cobija.

Y quedó exhibido.

Uno de sus hijos fue dado de alta en la nómina de la LXV Legislatura como asesor con un salario de quince mil pesos mensuales (Notiver, 22 de septiembre, 20) y que, bueno, y como dijera López Obrador de su hermano Pío López Obrador, y como dijo Layín, el alcalde de San Blas, Nayarit, “robé poquito porque poquito había”, de cualquier manera, un salario de 15 mil pesos mensuales en el tiempo del coronavirus, la recesión y el terrible y galopante desempleo…, mucho, muchísimo significa.

Lo escribió Pablo Neruda en su famoso Poema XX. “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”.

 

AMOR DE PADRES

Tantos golpes de pecho se asestó en el corazón el diputado Rosales Torres que, caray, terminó igual, igualito, de a quienes criticaba.

Da pie, incluso, para considerar que el hijo del diputado en la nómina del Congreso local sería, quizá, apenas, apenitas, la punta del iceberg.

Más si se considera el cargo partidista.

Más si se recuerda que los diputados locales pueden reelegirse. O en todo caso, brincar a diputados federales. Mínimo, a las presidencias municipales de sus pueblos.

Y es que cuando se prueban “las mieles de la gloria” entonces se desea como una obsesión “hacha, calabaza y miel” para un tiempo perpetuo.

Pero más allá de las circunstancias efímeras del poder está el cariño inmenso, como buen padre, de Maleno por su hijo y su familia, claro.

Por eso Benito Juárez otorgó cargos públicos a su trío de yernos para felicidad de sus hijas.

Porfirio Díaz Mori ordenó al gabinete legal y ampliado favorecer con la obra pública a su hijo Porfirito.

Plutarco Elías Calles nombró a un hijo gobernador de Nuevo León y a otro diputado federal y Ministro de Estado.

José López Portillo hablaba del “orgullo de mi nepotismo” con su hijo José Ramón.

El diputado local, José Manuel Pozos Castro, impuso de subsecretario de Finanzas y Planeación a uno de sus hijos.

Y el góber nombró subsecretario de Finanzas y Planeación a su primo hermano, Eleazar Guerrero, avalado por la primera Contralora del sexenio, Leslie Garibo.

Ojalá y la medalla Adolfo Ruiz Cortines otorgada por el Poder Legislativo sea entregada este año al diputado Magdaleno como “El Padre del Año”, emblema, ícono y símbolo de la 4T con su purificación moral.

¡Hosanna, hosanna!

 

ENSEÑANZA BÍBLICA

 

La política siempre ha sido así. Y en todo caso, reproduce la vida humana.

José María Morelos, por ejemplo, envió a su hijo Nepomuceno Belmonte, hijo de Brígida Belmonte, su trabajadora doméstica, a estudiar en Estados Unidos, y allá quedó asombrado con Maximiliano de Habsburgo y se convirtiera en uno de los promotores para ungirlo Su Alteza Serenísima en México destituyendo a Benito Juárez.

En el siglo pasado, se afirmaba que bastaba con enviar a la universidad a un hijo para su desarrollo personal. Luego, el mundo giró y fueron necesarios los posgrados, maestrías y doctorados, y si eran en el extranjero, garantía para una oportunidad laboral.

Pero después, los posgrados fueron insuficientes y ahora el legado familiar está en amarrar para los hijos una posición laboral, cierto, pero más, mucho más, levantar entre todos una empresa porque basta ya que doscientas familias sean dueñas de más del 60 por ciento de la riqueza natural y solo entre ellas se repartan las ganancias.

Por lo pronto, el diputado local de MORENA pudo acomodar a un hijo en el Congreso y felicidades mil. Incluso, y ojalá se reelija para seguir favoreciéndolo.

Otros padres, sin embargo, empujan la carreta para llegar más lejos, como por ejemplo, acomodar a un hijo en una presidencia municipal o hasta en una curul local o federal.

En el relato bíblico, los jefes tribales heredaban el poder total a los hijos, así tuvieran diez años de edad. Pero más aún, era una herencia perpetua pues duraba hasta la muerte de ellos, casi casi una empresa familiar exitosa.

 

Barandal

 

•Más cinturones apretados

•Más austeridad y ahorro

•Coctel explosivo

 

Luis Velázquez

03 de octubre de 2020

 

ESCALERAS: El segundo secretario de Hacienda y Crédito Público ha anunciado el peor de los tiempos para el año entrante. Más austeridad republicana y jesuita. Más cinturones apretados. Más drástica vigilancia sobre el gasto público. Más ahorro.

Por ejemplo, lo que desde finales del siglo pasado era práctica común en las dependencias oficiales. El mínimo uso de la luz y del agua. Y de las fotocopiadoras.

Incluso, y debido al coronavirus, número incalculable de burócratas seguirán trabajando desde sus casas… para ahorrar costos al gobierno, con todo y que en las regiones tropicales significa tener prendido los aires acondicionados, mínimo, durante las 8 horas de la jornada laboral, un gasto enorme, extra para cada jefe de familia.

Más, mucho más agravado ahora con los hijos convertida la casa en salón de clases.

 

PASAMANOS: Hay de por sí un decreto de Austeridad Republicana. Ahora, uno adicional.

La medida llega a lo siguiente: todas y cada una de las plazas burocráticas desocupadas, digamos, por jubilación y/o despido, congeladas en automático.

La oportunidad laboral que en el tiempo priista y panista significaba el gobierno como fuente de empleo cerrada al cien por ciento… con todo y que el desempleo creciente y galopante pudiera transfigurar en un pendiente social, cóctel explosivo, resistencia pacífica en puerta.

 

CORREDORES: De los directores generales para abajo en las dependencias federales, ninguno tendrá asesores ni choferes, ay, el mundo burocrático anterior cuando los jefes usufructuaban titipuchal de asesores, en muchos casos, y por desgracia, “aviadurías” para ayudar a los amigos y compadres.

El decreto adicional de la austeridad incluye, además, la prohibición a cualquier funcionario de comprar mobiliario y/o de remodelar oficinas, como fue el caso, ¡vaya excepción!, del secretario de Salud del gobierno de Veracruz… y que, bueno, poderosas relaciones e influencias tendrá para tamaño desacato.

 

BALCONES: El Señor Presidente tiene en la cabeza un par de obsesiones. Una, la austeridad. Hacer más, mucho más, con el dinero público, como era la cantaleta en el pasado inmediato y mediato. Y dos, la lucha sistemática en contra de la corrupción y las pillerías de los políticos encaramados en el poder.

Y aun cuando se registró un jab al corazón obradorista con el video de su hermano Pío López Obrador, López Obrador sigue pa’lante, firme, pues la 4T significa el paraíso socialista para 6 de cada diez mexicanos en la pobreza y la miseria.

El mundo utópico en el que desde los orígenes de la humanidad sueñan las tribus políticas.

 

PASILLOS: Hosanna por la austeridad. Hosanna por la cruzada política y cívica contra la deshonestidad. Hosanna por la correcta aplicación en obra pública y en becas y subsidios para los jodidos. Hosanna, pues.

Pero…

Pero hay una realidad lacerante, fuera de control, agravada más por el coronavirus. Es la recesión. Miles de empresas, industrias, fábricas, negocios, comercios y changarros, y hasta table-dance y casas de cita, quebradas. Y por añadidura, el desempleo galopante, fuera de control, descarrilado. Meseras pidiendo limosna en la calle.

 

VENTANAS: Y aun cuando desde el lado oficial profetizan y gritonean que la vida económica se está recuperando, puro chorizo, fuego pirotécnico y venta burda y barata de esperanzas.

Miles de jefes de familia desempleados, tocando puertas por todos lados y todas cerradas, sin ninguna lucecita alumbrando el fondo del túnel.

La vida, un infierno. El peor de los tiempos. Una pesadilla inacabable que como largo y extenso viento huracanado podría volverse en contra de MORENA en las urnas.

 

Malecón del Paseo

 

•Corresponsales asesinados

•Récord del góber machetero

•Mundo difícil de reporteros

 

Luis Velázquez/Y Parte VI

03 de octubre de 2020

 

EMBARCADERO: El gobierno de Veracruz está en un tris de ganar nuevo Récord Guinness, el Oscar mexicano… Ostenta el primer lugar nacional en feminicidios, secuestros y extorsiones… Ahora, lidera el asesinato nacional de corresponsales de medios… Al momento, un trío ejecutados… Jorge Celestino Ruiz, en Actopan… María Elena Ferral, en Papantla… Y Julio Valdivia Rodríguez, en Tezonapa… Corresponsales del Gráfico de Xalapa, Diario de Xalapa y El Mundo de Córdoba… Corresponsales, la parte más frágil en los medios de provincia…

ROMPEOLAS: En la prensa escrita, hablada y digital, los sueldos son insultantes… Patrones ricos y trabajadores jodidos, salvo excepciones… Y por eso mismo, el mundo duro de los corresponsales y reporteros asesinados que necesitaban buscar ingresos para llevar el itacate a casa… Jorge Celestino Ruiz tenía una tiendita donde, además, reparaba celulares, y en donde lo asesinaran… Julio Valdivia vendía tamales un día y donas al siguiente y tamales al tercer día y así de manera sucesiva…

 

ASTILLEROS: El sexenio de Javier Duarte cuando iniciara la masacre de reporteros y fotógrafos en serie y en serio también incidió en los corresponsales… Por ejemplo, el primero de aquel sexenio fatídico, Noel López Olguín, de Hueyapan de Ocampo, era voceador, con perifoneo, y fotógrafo de sociales y cada fin de semana andaba en eventos familiares… Moisés Sánchez Cerezo, de Medellín, tenía una tiendita de abarrotes, un taxi y criaba cerdos… Gregorio Jiménez de la Hoz era fotógrafo de sociales y vendía antojitos en Las Choapas…

 

ESCOLLERAS: Pedro Tamayo Rosas, de Tierra Blanca, donde fue asesinado enfrente de su casa, vendiendo hot dogs… Leobardo Vázquez Atzin, de Tecolutla, vendía tacos… Armando Saldaña Morales, asesinado en los límites de Veracruz con Oaxaca, a la altura de Tezonapa, vendía publicidad para una estación de radio donde conducía noticiero informativo… Juan Mendoza Delgado, reportero jarocho, era taxista… Esteban Rodríguez, mecánico y obrero en Laguna Verde… Ricardo Monluí era cañero… Edwin Rivera, barman y mesero en Acayucan… Cándido Ríos, voceador de periódico y comerciante… Y Ana Irasema Pérez, secretaria en un periódico… Entre otros… Ellos tenían una fuente de ingresos que les permitía contar las historias y que, acaso los habría llevado a la tumba, pues los caciques locales y regionales, aliados con los carteles y cartelitos y los jefes policiacos y policías suelen convertirse en “los señores de horca y cuchillo” y ajustan cuentas con los reporteros incómodos…

 

PLAZOLETA: Muchos años después de tanto tiradero de cadáveres de reporteros, fotógrafos, corresponsales y editores, un hecho resulta indicativo… En el 99 por ciento de los casos, los asesinados son trabajadores de la información, y salvo un caso, Raúl Gibb Quintero, director general y dueño de “La Opinión”, de Poca Rica, nunca, ni por error, el director general ni tampoco el dueño de un medio en la mira… En todo caso, si el oficio periodístico se ha vuelto o es incómodo para tribus políticas o carteles y cartelitos, los propietarios del medio son quienes deciden publicar, pues el reportero o corresponsal entregan la información y hay una Junta de Redacción, supervisada por los patrones, que aprueba la publicación de los textos…

 

PALMERAS: Con todo, son muchos los corresponsales ejecutados en Veracruz… Y al paso que se va, el gobierno del estado se está creando una nueva aureola de descrédito y desprestigio… Pero, bueno, mientras tengan la bendición presidencial pueden seguir con su política del machete y las botas creyendo que así ganan popularidad y el respeto y la admiración ciudadana…

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